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Carne de primera


# Vol. II de la trilogía del inspector Proaza

 

Era viernes cuando se conocieron y sábado cuando ella le robó el corazón, un corazón cuyo valor en el mercado alcanzaría los ciento cincuenta mil euros. Nadie sabría jamás que estaba emocionalmente roto, ni el cirujano encargado del trasplante, ni el afortunado receptor. Solo lo sabía Tati, que le había visto llorar desesperado tan solo unas horas antes; y ella, la que le tendió la trampa, porque el propio Gus se lo había contado mientras estaba siendo acechado. Pero, ¿a quién le importaba ya? A Gustavo no, desde luego. Tirado a cincuenta metros del camino, con el pecho abierto y la mirada vacía, parecía resignado. Definitivamente, ni lo suyo eran las mujeres, ni aquel había sido un buen día.

 

Al menos no estaba solo bajo la lona de plástico. Recostado sobre unos rollos de tubos de goteo, se había convertido en ecosistema anfitrión y empezó a recibir visitas, atraídas por el olor que liberaba el cuerpo. Primero vinieron las moscas, que revolotearon nerviosas a su alrededor, abanicándole el rostro con sus diminutas alas...

 

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Historia de una gallina

 

Esta historia que vais a leer me la contó una gallina a la que liberé de un ponedero de huevos de batería. A la pobre la tenían encerrada en una jaula, conectada a una batería eléctrica con las luces encendidas las veinticuatro horas del día. Eso lo hacían con la intención de engañarla, para que no se durmiera y pusiera huevos y huevos sin parar. Esa gallina no estaba sola en el ponedero: cientos de ellas, a su lado, ponían un huevo tras otro sin rechistar, cacareando historias extraordinarias que solo las gallinas iniciadas conocen...

 

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Las gafas mentirosas

 

Dispara contra enemigos imaginarios y se lo pasa realmente bien, imitando las cosas que ve en las películas. Un hombre con gafas negras le observa, porque asegura que a través de ellas puede ver las cosas tal como son: ve que su fusil de plástico verde le está obligando a jugar, ve que las guerras no son lo que parecen y que las armas se encuentran entre nosotros porque quieren llevar a cabo un terrible plan...

 

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Muelle y los saltapiedras

 

¿Os he contado alguna vez la historia de Muelle?

 

Muelle era un niño con nariz de ratón, ojos de camaleón y pelos de erizo. Él creía que podía hacer cualquier cosa que se propusiera, así de inocente era.

 

—Me gustaría saltar como los saltapiedras —dijo Muelle un día, lo suficientemente alto para que lo oyeran los demás.

 

Su madre, Ballesta, sonrió como hacen las madres; Resorte, su padre, tosió como tosen los padres; y el abuelo, movió la cabeza arriba y abajo.

 

Todo esto sucedía una mañana soleada, cuando el invierno empezaba ya a despedirse de Pedregal. La hierba, se dejaba caer hacia un lado y luego hacia el otro, porque el viento así lo quería.

 

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Un pingüino habilidoso

 

(En proceso...)

 

¿Os he contado la historia

de ese pingüino elegante

con zapatos de cartón

y corbata de guisantes?

 

Se dice de aquel pingüino

que con la piel de un melón

se hizo una gabardina

y un sombrero para el sol.

 

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