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CABRONES (En proceso...)

 

Tres relatos cruzados sobre gente muy mala

 

Nuevo proyecto en común con David J. Skinner y Óscar Fernández Camporro, en el que colaboro como autor e ilustrador. La cosa surgió en una cafetería de Moratalaz. David, nos retó a Óscar y a mi escribir dos relatos que pudieran entrelazarse con uno que él ya había escrito. Han pasado un par de meses y el trabajo ya está hecho. Ahora lo estamos revisando para que no queden cabos sueltos.

 

Si quieres ver los diseños preliminares del libro, pulsa aquí:

 

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Carne de primera


# Vol. II de la trilogía del inspector Proaza

 

 

«Como ya comprobamos en su primer caso (Angeles de Sangre), para el autor Rafael Estrada, los preámbulos no son precisamente el modo de iniciar sus historias. Él es directo, conciso, explícito, sin concesiones o esperas innecesarias. Como suele decirse va con la precisión de un reloj suizo, al grano, a introducirnos de inmediato en la trama e intriga en sus primeros párrafos. No has terminado de leer el encabezamiento de la historia, edición, capítulos etc., cuando nos impacta con lo que toda novela negra debe tener: fuerza y deseos de seguir leyendo». (Solo Novela Negra)

 

«Dura como ella sola, extrema, sin concesiones al lector. Desde este ángulo la novela es impecable». (Crónica Económica)

 

«La obra, que comienza con un tono sosegado, a pesar del impacto inicial, va ganando en intensidad a medida que avanza la trama hasta convertirse, en el último tercio, en un thriller en el que las secuencias son rápidas y retienen al lector hasta el clímax final»(LaJUnglaDElasLETras)


«La narrativa es clara y directa, con algunos retazos de humor negro, cosa que lo convierte en un libro interesante y único también por el hecho de contener personajes muy cercanos con el público, que son ante todo personas normales, y el hecho de que transcurre en un lugar de recreo vacacional, donde aparentemente nunca sucede nada». (El sol Dominicano)

 

«Carne de primera es una novela mucho más reivindicativa que la primera y quizás pueda llegar a un sector de público más amplio y no sólo al que le gusta las novela policiales, sino que también a aquellos que les gusta una novela policial con el añadido de la reflexión, la denuncia o la crítica social». (Cruce de Caminos)

 

«Con inteligencia, decisión y a riesgo de su propia vida, el protagonista irá desenmarañando una oscura y sangrienta trama que incluso llegará a salpicar la honra de personas que difícilmente vincularíamos a este negocio tan lucrativo, donde la carne humana es la materia prima. Bon appétit!». (Tintafresca)

 

«Lo que más me ha gustado de la novela es lo directa, clara y precisa que es. Las cosas son tal y como las cuenta, nos guste o no. [...] En cuanto a la narración, es tan fluida y el ritmo de la novela tan trepidante que en un solo día se puede leer». (Vamos a leer...)

 

  

Leer el primer capítulo...

 

Historia de una gallina

 

Esta historia que vais a leer me la contó una gallina a la que liberé de un ponedero de huevos de batería. A la pobre la tenían encerrada en una jaula, conectada a una batería eléctrica con las luces encendidas las veinticuatro horas del día. Eso lo hacían con la intención de engañarla, para que no se durmiera y pusiera huevos y huevos sin parar. Esa gallina no estaba sola en el ponedero: cientos de ellas, a su lado, ponían un huevo tras otro sin rechistar, cacareando historias extraordinarias que solo las gallinas iniciadas conocen...

 

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Las gafas mentirosas

 

Dispara contra enemigos imaginarios y se lo pasa realmente bien, imitando las cosas que ve en las películas. Un hombre con gafas negras le observa, porque asegura que a través de ellas puede ver las cosas tal como son: ve que su fusil de plástico verde le está obligando a jugar, ve que las guerras no son lo que parecen y que las armas se encuentran entre nosotros porque quieren llevar a cabo un terrible plan...

 

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Muelle y los saltapiedras

 

¿Os he contado alguna vez la historia de Muelle?

 

Muelle era un niño con nariz de ratón, ojos de camaleón y pelos de erizo. Él creía que podía hacer cualquier cosa que se propusiera, así de inocente era.

 

—Me gustaría saltar como los saltapiedras —dijo Muelle un día, lo suficientemente alto para que lo oyeran los demás.

 

Su madre, Ballesta, sonrió como hacen las madres; Resorte, su padre, tosió como tosen los padres; y el abuelo, movió la cabeza arriba y abajo.

 

Todo esto sucedía una mañana soleada, cuando el invierno empezaba ya a despedirse de Pedregal. La hierba, se dejaba caer hacia un lado y luego hacia el otro, porque el viento así lo quería.

 

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Un pingüino habilidoso

 

(En proceso...)

 

¿Os he contado la historia

de ese pingüino elegante

con zapatos de cartón

y corbata de guisantes?

 

Se dice de aquel pingüino

que con la piel de un melón

se hizo una gabardina

y un sombrero para el sol.

 

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