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Ángeles de sangre

 

Ganadora del I Premio Megustaescribir.com

 

 

En una localidad costera del Mar Menor aparece el cuerpo decapitado de una niña de trece años. No muy lejos del lugar de los hechos, la policía encuentra a un muchacho dormido, con claros signos de embriaguez y la camiseta ensangrentada. La solución parece tan evidente que asignan el caso a un inspector novato para que practique y lo zanje lo antes posible.

Así es como, de la noche a la mañana, Juanito Proaza, acompañado de personajes como Paco Garrido, veterano policía de métodos heterodoxos, y el doctor Luzón, brillante forense y gran dominador de la puesta en escena, se ve a la cabeza de un proceso que se complica por momentos y que acaba por convertirse en una investigación a tumba abierta donde se destapa una sórdida red con muchos tentáculos, que pone al descubierto el lado más perverso del ser humano.

 

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La Ciudad de las Sombras

 

Las sombras saltaban intentando llegar a mí, pero el haz de la linterna las empujaba de nuevo contra la pared, donde se movían inquietas y se retorcían impotentes, arañando el espacio que nos separaba. Maullaban de forma lastimera, intentando atraparme; cuando vieron que sus esfuerzos eran inútiles, cambiaron de táctica, se volvieron perezosas y se calmaron todas a un tiempo.

Aproveché ese momento para salir de la habitación.

El silencio era espeso de nuevo cuando me colé en el pasillo, que se había convertido en un corredor muy largo y estrecho. Las sombras resbalaron por las paredes gritando, y a cada paso que daba la oscuridad se quejaba bajo mis pies. Yo avanzaba despacio, evitando pisarlas, porque los gritos que producían eran ensordecedores; enfoqué la linterna hacia el suelo, que se volvió luminoso y desprovisto de sombras. Solo entonces se arrullaron en los rincones y se callaron.

 

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Muelle y los saltapiedras

 

¿Os he contado alguna vez la historia de Muelle?

 

Muelle era un niño con nariz de ratón, ojos de camaleón y pelos de erizo. Él creía que podía hacer cualquier cosa que se propusiera, así de inocente era.

 

—Me gustaría saltar como los saltapiedras —dijo Muelle un día, lo suficientemente alto para que lo oyeran los demás.

 

Su madre, Ballesta, sonrió como hacen las madres; Resorte, su padre, tosió como tosen los padres; y el abuelo, movió la cabeza arriba y abajo.

 

Todo esto sucedía una mañana soleada, cuando el invierno empezaba ya a despedirse de Pedregal. La hierba, se dejaba caer hacia un lado y luego hacia el otro, porque el viento así lo quería.

 

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Las gafas mentirosas

 

Dispara contra enemigos imaginarios y se lo pasa realmente bien, imitando las cosas que ve en las películas. Un hombre con gafas negras le observa, porque asegura que a través de ellas puede ver las cosas tal como son: ve que su fusil de plástico verde le está obligando a jugar, ve que las guerras no son lo que parecen y que las armas se encuentran entre nosotros porque quieren llevar a cabo un terrible plan...

 

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Un pingüino habilidoso

 

¿Os he contado la historia

de ese pingüino elegante

con zapatos de cartón

y corbata de guisantes?

 

Se dice de aquel pingüino

que con la piel de un melón

se hizo una gabardina

y un sombrero para el sol.

 

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Las extraordinarias aventuras del número 3

 

Todo marchaba muy bien en el cuaderno de Matemáticas.

 

El número 1 estaba orgulloso, porque lo habían colocado en una suma al lado del 2 y, como por arte de magia, apareció de repente el número 3.

Hay que decir, claro está, que esto sucedió con la ayuda del lápiz.

 

El 3 recorrió con sus pequeños ojillos la página, porque aquello era totalmente nuevo para él. A su lado, también el 4 estaba sorprendidísimo, observando cómo discutían dos números gemelos:

 

—Yo soy el sumando más importante —decía un 2.

 

—El más importante sumando soy yo —afirmaba el otro 2.

 

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Cuéntame un... Cómic

 

Puede que no sea mala idea dejar a los niños solos con sus cuentos en formato cómic. A ellos les gusta ver cómo se suceden las viñetas, con sus sonidos, silenciosos y estrepitosos a la vez, con sus velocidades supersónicas y sus trastazos imposibles repletos de estrellitas, que provocan la risa más que otra cosa.

 

“Cuéntame... un cómic”, mamá.

 

Es imposible, nene, cuéntatelo tú mismo y disfruta de lo más parecido al cine que vas a encontrar con imágenes fijas. Disfruta y deja volar la imaginación, que para eso estás aquí...

 

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