mié

06

abr

2011

El sapo y el ciempiés

 

 

“Érase una vez un ciempiés que bailaba estupendamente con sus cien pies. Cuando bailaba, todos los animales del bosque se reunían para verlo. Y todos quedaban muy impresionados con el exquisito baile. Pero había un animal al que no le gustaba ver bailar al ciempiés. Era un sapo...


“¿Qué puedo hacer para que el ciempiés deje de bailar?, pensó el sapo. No podía decir simplemente que no le gustaba el baile. Tampoco podía decir que él mismo bailaba mejor; decir algo así no tendría ni pies ni cabeza. Entonces concibió un plan diabólico.


Se sentó a escribir una carta al ciempiés. «Ah, inigualable ciempiés», escribió. «Soy un devoto admirador de tu maravillosa forma de bailar. Me encantaría aprender tu método. ¿Levantas primero tu pie izquierdo nº 78 y luego el pie derecho nº 47? ¿O empiezas el baile levantando el pie izquierdo nº 23 antes de levantar el pie derecho nº 18? Espero tu contestación con mucha ilusión. Atentamente, el sapo.»


Cuando el ciempiés recibió la carta se puso inmediatamente a pensar en qué era lo que realmente hacía cuando bailaba. ¿Cuál era el primer pie que movía? ¿Y cuál era el siguiente? ¿Qué creéis que pasó?


Pues que el ciempiés se pasó el resto de su vida analizando su baile, y ya no volvió a bailar jamás. Así fue como la imaginación quedó ahogada por la reflexión de la razón.

 (Jostein Gaarder)

 

 

 

 

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Comentarios: 2
  • #1

    dqp (domingo, 10 abril 2011 05:54)

    Qué bueno... eso me pasa a mi mucho.

  • #2

    Rafael Estrada (domingo, 10 abril 2011 11:16)

    La culpa la tenemos los sapos de tus alumnos... Por cierto, ¿cómo hiciste para que te quedara una araña tan graciosa? ¿Pensaste primero en el personaje y luego lo hiciste? ¿O improvisaste sin más? Espero tu contestación con mucha ilusión.