Cómic infantil

Cuéntame un... Cómic

 

Puede que sea buena idea dejar a los niños solos con sus cuentos en formato de cómic. A ellos les gusta ver cómo se suceden las viñetas, con sus sonidos silenciosos y estrepitosos a la vez, con sus velocidades supersónicas y sus trastazos imposibles repletos de estrellitas, que provocan la risa más que otra cosa.

 

Es lo más parecido al cine que van a encontrar con imágenes fijas. Deja que disfruten, que vuelen a través de la imaginación, que para eso están aquí.

 

Anda, "Cuéntale... un Cómic".

 

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Un elefante de trapo

 

Había una vez un Elefante de trapo que bajaba a darse un baño en el río.


Papá Elefante y Mamá Elefanta le dejaban caminar solo por cualquier lugar de la selva, porque todos los animales que vivían allí le conocían y querían.

 

Hasta el temible León, que limpiándose los dientes con un palillo le saludó desde su roca:


—Hola, Elefantito a Cuadros.


—Hola, señor León —y siguió caminando tan tranquilo, porque sabía que nada le podía pasar...

 

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Marcianopeques

 

Íbamos mi hermana y yo en nuestro platillo volante, jugando con  los asteroides y tirándole pellizcos a las estrellas.


Nos dirigíamos al planeta Tierra, porque teníamos que hacer un trabajo para el cole, sobre los seres que vivían allí.

 

Nada más llegar, Mic hizo una foto

 

—¡Clic-Clac...!


La grabó en el fotocuaderno y escribió: “La Tierra es azul y tiene nubes de algodón”.

 

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Sueños de colores

 

Hace algún tiempo nació una niña especial llamada Húe. Lo hizo en Cualquierlugar, esa ciudad triste y descolorida donde nunca amanecía.

 

La gente lo recuerda porque nevó aunque era verano y salió el sol a pesar de que era de noche.

 

Húe nació en silencio, porque no podía hablar. Un silencio que siempre iba a formar parte de ella, porque no podía oír.

 

Cuentan que sus padres derramaron tantas lágrimas, que al pasar la luz del sol a través de ellas formó un diminuto arco iris sobre la nariz de Húe...

 

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¿Dónde está el niño...?

 

El Gato Barato no paraba de dar vueltas y vueltas por la habitación, buscando al NIÑO.

 

Por más que miraba arriba y abajo, a un lado y a otro no conseguía dar con él.

 

Después de rascarse la oreja, se le ocurrió que tal vez la Rata Pirata podría ayudarle.

 

—Haré lo que pueda, Barato —dijo la Rata, colocándose el parche en el ojo—, pero no te prometo nada.

 

Y se montó en un patín que había por allí, evitando mirar al gato, porque gatos y ratas nunca se han llevado bien...

 

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La guerra de las risas

 

Hace algún tiempo, el país de Estelado le declaró la guerra al país del Otrolado. Nadie supo nunca el motivo, porque cuando la gente preguntaba, los generales decían retorciéndose el bigote o peinándose la barba:

 

—¡Es alto secreto!

 

Y la gente contestaba:

 

—Ah, bueno —porque sabían que los altos secretos no podían contarse.

 

Incluso los generales desconocían el motivo, para que no dejara de ser secreto.

 

Lo que si sabían, es que la primera batalla iba a ser el domingo, después de comer. Así la gente estaría en casa y podrían meterse debajo de la cama o en los armarios, para no mancharse con el humo de las bombas y todo eso...

 

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Los hombres de lata

 

Esto sucede en África y Brasil, aunque seguramente pasa en muchos otros países:

 

Algunas madres, cuando se va acercando la noche, ponen un puchero con agua a calentar y recogen piedras que echan a la cazuela como si fuera comida, evitando que los niños se den cuenta. Mientras se hace la cena les cuentan un cuento, tan largo como sea necesario, hasta que los peques se duermen.

 

Esa noche tampoco cenarán, pero al menos dormirán satisfechos y con una sonrisa...

 

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03-OWE

 

Primer Premio Nacional de Cómic Profesional Alcalá de Guadaira

 

03-OWE era un robot de mantenimiento industrial, un robot laborioso y aplicado. Se pasaba todo el día por la fábrica limpiando tornillos, arreglando relojes y bombillas estropeadas. Apenas se calentaba un circuito o se empañaba una esfera, aparecía de inmediato.

 

—¡CLAP...! ¡CLAP...! ¡CLAP...! —se le oía por los pasillos, antes de que le colocaran esponja de caucho y empezara a hacer "¡TUMP...! ¡TUMP...! ¡TUMP...!", que ya no molestaba tanto.

 

Cuando todo estaba más o menos en orden, empujaba la barredora de virutas, que hacía "¡CHUF...! ¡CHUF...!", y se metía debajo de las enormes máquinas, intercalando el "¡TUMP...! ¡TUMP...!" con el "¡CHUF...! ¡CHUF...!" y el "¡TROC...! ¡TROC...!" de las prensadoras...

 

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Salón del Cómic de Barcelona 2011