A partir de 8 años

El comisario Olegario (14ª edición)

 

Accésit Premio Lazarillo

 

Cuatro Vientos es un barrio tranquilo donde nunca sucede nada. El comisario Olegario se entretiene leyendo novelas de misterio y viendo películas policíacas en la tele…, cuando su mujer y sus hijos se lo permiten. Sin embargo un día, se le presenta un extraño caso que deberá resolver para que la tranquilidad reine de nuevo en el barrio. El señor de la capa negra, un misterioso personaje al estilo de las antiguas series de misterio, se introduce en las casas de algunos niños...

 

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La sonrisa del ogro  (7ª edición)

 

Dani, el hermano pequeño de Roberto, ha cambiado el final del cuento de Pulgarcito, y según esa nueva versión, un montón de ogros pueden andar sueltos por el mundo. Un día, Roberto ve que Dani no está en el patio del colegio durante el recreo… Con la ayuda del escritor Rafael Estrada, Roberto descubre que, en efecto, hay un montón de ogros sueltos. Pero no se trata de personajes de cuento, sino ogros de verdad, capaces de las más terribles crueldades...

 

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Los ladrones de colores  (3ª edición)

 

Ricardo Manías, el protagonista de esta novela, es como dice su apellido un poco maniático porque no soporta el desorden, las tapas abiertas, los bolis sin capuchón ni los botones sin abrochar. Esta historia comienza cuando un día Ricardo, mientras pasa la tarde de domingo con su familia, se topa con un hombre muy extraño que no deja de mirarle fijamente...

 

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El día que murió Superman

 

La imaginación de Carlos nunca se detiene, sobre todo cuando se trata de tebeos y superhéroes. Hasta que un día queda huérfano y se ve atrapado en una alucinante aventura donde tiene que enfrentarse con ogros, brujas y gigantes. Detrás de todo están la gruñona tía Horrible y su baúl lleno de cuentos...

 

 

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Un gigante entrometido

 

Daniel sacó su bolígrafo linterna y enfocó la muralla salpicada de musgo.

Entonces vio, a través de la hiedra, que los muros no estaban hechos con piedras unidas con argamasa, como es habitual en los castillos, sino con restos de juguetes rotos: cientos de miles, millones de juguetes olvidados, abandonados, destrozados y machacados.

Se fijó en los pies del gigante y observó que no calzaba zapatos, ni botas, ni nada por el estilo, sino que los llevaba envueltos con tiras de cuero, sucias y mal enrolladas. De nuevo reparó en el niño, se relamió y se dirigió hacia él dando una gran zancada, haciendo sonar los dientes...

 

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