La Ciudad de las Sombras

 

 

Eran las diez de la noche y las sombras ya habían caído sobre la ciudad. Desde la ventana de mi habitación observaba el parque, donde una indecisa farola parpadeaba. De un momento a otro llegaría Noelia, porque a la salida del instituto le dije que tenía algo muy importante que contarle. La esperaba con ansiedad, sin saber todavía cómo debía encarar el asunto.

 

Noelia. Mi mejor amiga. Aunque siempre hemos estado juntas y se supone que no debíamos tener secretos, hay una cosa que nunca me he atrevido a contarle, algo que sucedió cuando tan sólo teníamos doce años. Ese año en el que dejamos atrás el colegio y nos creímos mayores, porque ya estábamos en la ESO. Ese año en el que tuve una experiencia que todavía hoy no sé muy bien cómo interpretar, porque me inició en un misterio y me enfrentó con algo, una nueva forma de ver las cosas que cambió mi vida radicalmente. Lo que descubrí, eso que cinco años después estaba a punto contarle a Noelia, es algo que se encuentra a nuestro alrededor, siempre presente, pero que pasa desapercibido para la mayoría de la gente.

 

Cuando llegó Noelia, saludó a mamá, que le dijo que estaba muy guapa desde que había dejado de ser Robocop, nos reímos, y al pasar junto a la puerta entreabierta del despacho de papá, dio dos golpecitos:

 

—Hola, viejo.

 

Papá murmuró algo que no alcancé a oír. Noelia le sacó la lengua.

 

—Ha empezado él —se justificó, mientras entraba en mi habitación.

 

Me volví hacia Noelia. Se había cortado el pelo y le sentaba muy bien. Estaba radiante, tan derecha y estilizada como una modelo; los ejercicios de rehabilitación que había tenido que hacer diariamente durante años para corregir su espalda, habían modelado su cuerpo.

 

Tiró la mochila sobre la cama y miró la pantalla del ordenador. Movió el ratón para desactivar el salvapantallas y empezó a curiosear.

 

—¿Qué estabas haciendo?

 

—Pasando los apuntes de Literatura —repuse.

 

—¿Los tienes todos?

 

—Sí.

 

—Pues ya me estás haciendo una copia.

 

Conecté la impresora para que sacara dos copias y le dije que se sentara.

 

—¿Te acuerdas de mi abuela?

 

—Claro... Estuvo viviendo en tu casa durante unos días —se llevó la mano a la nariz y empezó a rascarse—. Fue hace unos años, cuando tus padres discutieron y tu madre se largó de casa, ¿no?

 

—Sí. ¿Recuerdas su nombre?

 

—Pues... —se encogió de hombros—. Ahora mismo no me acuerdo.

 

—Se llamaba Ana —dije sonriendo.

 

—Qué bien. ¿Y…?

 

—¿Y si te digo que era la primera vez que la veía en mi vida?

 

Noelia me miró como si estuviera loca.

 

—¿Me estás vacilando? —exclamó.

 

—Que no, tía. Se que ahora te parecerá extraño, pero es cierto que nunca la había visto antes de ese día —me levanté y cerré la puerta—. Quiero que hagas memoria y vuelvas cinco años hacia atrás, cuando mi padre publicó La ciudad de las sombras.

 

—Está bien —repuso—. Pero deja de intrigarme y ve directamente al grano.

—¿Qué te pareció la novela?

 

—¿Y eso qué tiene que ver ahora con tu abuela?

 

—¿Me vas a contestar o no?

 

—Vaaale… Me sorprendió, porque todos sus libros anteriores eran para niños.

 

Abrí el cajón del escritorio donde guardaba mis trabajos y saqué un montón de folios con las esquinas estropeadas, encuadernados en canutillo. Se lo tendí. Miró la cubierta, sorbió la nariz, pasó la primera página y leyó:

 

—La ciudad de las sombras —me miró— ¿Esto es el manuscrito original?

 

—Sí.

 

Como vio que no decía nada pasó a la siguiente hoja, después una más, otra y otra...

 

—Vuelve al principio —le dije.

 

—La ciudad de las sombras —volvió a leer—. Julia Requena... ¡Un momento...! —señaló—. Aquí hay un error: está firmado por ti en lugar de por tu viejo.

 

—Así es —confirmé—. Pero no es un errata. Eso que tienes entre tus manos no lo ha escrito mi padre.

 

—¿Quieres decir que la novela la escribiste tú?

 

—La novela no, pero eso sí.

 

—¿Tu padre la copió de aquí?

 

—Más o menos, aunque no exactamente…

 

—Tía, a eso se le llama plagio. ¡Qué fuerte…!

 

Me apoyé en la ventana mirando a la calle; la farola ya no parpadeaba y la bombilla fundida había dejado que las sombras ganaran terreno.

 

—Anda, lista, empieza a leer —dije señalando el manuscrito—. Después, hablamos…

 

 

 

 

  • Ediciones del Laberinto
  • Autor: Rafael Estrada
  • Género: Misterio, Terror, Fantasía
  • Nº de páginas: 120
  • Tamaño del libro: 12,85 x 19,84
  • ISBN: 9781973240341
  • Formato: Tapa blanda
  • Edición en libro electrónico por la Biblioteca Digital Hispánica